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martes, julio 30

JOHN DONNE - DEVOCIONES - EXTRACTO

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Devociones  (fragmento) 
 
John  Donne
 
¿Quién no echa una mirada al sol cuando atardece?
¿Quién quita sus ojos del cometa cuando estalla?
¿Quién no presta oídos a una campana cuando por algún hecho tañe?
¿Quién puede desoír esa campana cuya música lo traslada fuera de este mundo?
 
Ningún hombre es una isla entera por sí mismo.
Cada hombre es si guardas en tu puesto, la cabeza tranquila,
cuando todo a tu lado es cabeza perdida.
Si tienes en ti mismo una fe que te niegan y no desprecias nunca,
las dudas que ellos tengan.
Si esperas en tu puesto,  sin fatiga en la espera.
Si engañado, no engañas.
Si no buscas más odio, que el odio que te tengan...
Si eres bueno y no finges ser mejor de lo que eres
Si al hablar no exageras lo que sabes y quieres.
Si sueñas y los sueños no te hacen su esclavo.
Si piensas y rechazas lo que piensas en vano.
Si tropiezas el triunfo, si llega tu derrota, y a los dos impostores les tratas de igual forma.
Si logras que se sepa la verdad que has hablado, a pesar del sofismo del orbe encanallado.
Si vuelves al comienzo de la obra perdida, aunque esta obra sea la de toda tu vida.
Si arriesgas en un golpe y lleno de alegría,
tus ganancias de siempre, a la suerte de un día y pierdes,
y te lanzas de nuevo a la pelea sin decir nada a nadie de lo que es y lo que era.
Si logras que tus nervios y el corazón te asistan, todavía después de su fuga,
de tu cuerpo en fatiga, y se agarren contigo cuando no quede nada,
porque tu lo deseas y lo quieres, y mandas.
Si nadie que te hiera, llegue a hacerte la herida.
Si todos te reclaman y ninguno te precisa.
Si llenas un minuto envidiable y cierto, de sesenta segundos que te lleven al cielo....
Todo lo de esta tierra, será de tu dominio, y mucho más aún...



 

jueves, noviembre 1

JOHN DONNE - POETA


La prohibición



     Guárdate de quererme.
Recuerda, al menos, que te lo prohibí.
No he de ir a reparar mi pródigo derroche
de aliento y sangre en tus llantos y suspiros,
siendo entonces para ti lo que tú has sido para mí. 
Pues goce tan intenso consume al punto nuestra vida.
Así, a fin de que tu amor frustrarse no pueda por mi muerte,
si tú me amas, guárdate de quererme.

...

        Mas ama y ódiame también.
Así ambos extremos la función de ninguno cumplirán.
Ámame para que pueda morir del modo placentero.
Ódiame, porque tu amor es excesivo para mí, 
o deja que los dos mutuamente, y no a mí, se destruyan.
Viviré entonces para apoyo y triunfo tuyo.
Así, para que tú a mí, a tu amor y odio no destruyas,
déjame vivir, pero ama y ódiame también.

Joh Donne (Poeta inglés s. XVII)


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