Mostrando entradas con la etiqueta Tú.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Tú.. Mostrar todas las entradas

jueves, septiembre 20

para Ella, para mi querida Inma.




Como abrir y cerrar una puerta. 

Ha pasado ya un año y mi sensación sigue siendo la misma que en septiembre pasado. Se abrió una puerta, te apresuraste a decirnos - hasta otro rato -  y la cerraste tras de ti.

Son muchos los días en que apareces en mi memoria. Vienes y vas como las horas del día. Sin previo aviso y sin necesidad de autorizaciones. Apareces en cualquier instante en que me gustaría hablarte de lo que me acontece. En cualquier ocasión en que me encantaría escucharte llena de serenidad, como solías, como quien hubiese vivido ya muchas décadas, como quien puede inspirar y apaciguar los penares de otros por conocedora, por versada.

Te me vienes a la mente, Tú.
La sonrisa permanente. El andar ligero. La elegancia y la sencillez aunadas con hilvanes de sedas.

¿Sabes?
Soñé contigo.
Una noche tuve la ventura de soñar contigo. Jugábamos a juegos de niñas y disfrutábamos de una infancia lejana, despreocupada, inconsciente. Mi reflejo era el presente, con mis cuarenta,  pintando difusas e incipientes arrugas, más cansada, más vencida. El tuyo, la niñez. No superarías el diez y te sonreías llena de inocencia, completando la escena con algún que otro cántico y con divertidas piruetas. Estabas Feliz. Como una niña, Feliz. Inundada por la dicha y yo, en tu cercanía, me llené de ella al contemplarte. Y desperté tranquila porque andabas radiante, como chiquilla en recreo. Pletórica, Feliz.

Sí, te me vienes a menudo a la mente. Envuelta en color granate, sobre sandalias brillantes, con pelo a lo garzón. Belleza y juventud. Y si no fuera por Madre Cordura, en más de una ocasión te hubiese buscado entre las gentes y te reclamaría por tus silencios de este último período. Si no fuera por Madre Resignación, andaría solicitando tus consejos y apuntando en agenda jornada oportuna para tertuliar tranquilas, para contarnos el pasar de los días, para reír y para echar alguna que otra lágrima a cuenta de nuestras vidas.

Y es que sigues siendo Vida. Tú continúas siendo Vida. Y serás Vida hasta que también sea yo quien abra esa puerta. Hasta que mi mano, temblorosa por el pavor y el recelo, agarre fuerte la tuya tras esa puerta y seas Tú quien de nuevo serene mi espíritu, indicándome cómo cerrarla sin estropicios. 

Tu paso, lejos de sentirlo pesadumbre al partir, se ha convertido en acostumbrado devenir.
Talmente, como abrir y cerrar una puerta.

PepaGlez

Entrada destacada

Taller de Radio en colegio Sta. María de los Volcanes Nazaret.

La radio es vida, alegría, diversión y frescura.  Hoy hice el programa "La Maresía" por la mañana con el director de la radio Tías...