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viernes, julio 9

¡Algún día!


Alicia hubiese preferido ser médico pero su rechazo visceral a la sangre, hizo que dejara atrás sus sueños de combatir dolencias ajenas para entregarse en cuerpo y alma a la agencia de publicidad levantada y financiada por su padre. Contabilidades y papeleos. Idas y venidas de fotógrafos, diseñadores gráficos, comerciales, publicistas especialistas en todo y en nada, relaciones públicas, maquilladores, sopla gaitas y chupópteros. Todo lo que jamás pensó tener alrededor porque, de entre las cosas que más podían gustarle de su profesión frustrada, era la posibilidad real y palpable de tratar con órganos humanos y no con su género. Cuestión de gustos. El tema "relaciones sociales" era su asignatura pendiente. ¡Algún día! – se decía. ¡Algún día!


Rosa soñaba todavía con aquella casita de madera, entre verdes arboledas y manantiales, que visualizó en un documental cuando apenas contaba diez años. Las flores, el verdor, la luz que se filtraba entre las copas de los árboles, el porche color de roble en donde degustar una buena taza de café escuchando su música de piano preferida. Soñaba. Después de acabar arquitectura, contraer matrimonio y gestar tres varones, preparaba diseños de edificios comerciales a media jornada. En la ciudad. Donde todo se veía gris, como sin alma. Tristemente descolorido. Seguiría soñando. ¡Algún día! – se decía. ¡Algún día!


Beatriz bailaba sin descanso pero en soledad. Imaginaba las risas de sus compañeras del centro comercial si en alguna ocasión la hubiesen visto enfundada en mallas y zapatillas de punta. Creía escuchar las carcajadas cuando la escena le venía de rebote en pesadillas. Todo era demasiado vergonzoso. En cambio allí, entre cojines, juegos de sábanas y edredones, no desentonaba. Más bien adornaba como una pieza más a mostrar en la planta, por lo mullido y grueso de su contorno y su semblante, dulce, sonrosado y delicado. Como una de esas mantas de invierno en colores salmón que tanto se vendían. Se sentía apagada por dentro. Aburrida. Sólo bailando en soledad podía ser ella. ¡Algún día! – se decía. ¡Algún día!



Fernanda en realidad hubiese sido feliz naciendo con la letra “o” rematando su nombre. Ella en verdad se sentía Él. Las motos, su pasión. Los viajes, su anhelo. Y volar en parapente. Recorrer el Paris-Dakar. Encontrar a su otra costilla en alguno de sus viajes de aventuras. Manos fuertes que la sujetarían para entregarle la seguridad que únicamente él, Fernado en sueños, podría proporcionarle.
Absorta en flashes que iban y venían sin parar, el timbre insistente del teléfono de la consulta del dentista en donde trabajaba, la devolvía de golpe y porrazo a su realidad. A Fernanda, a la "a" fastidiosa. A la carcasa de "Ella". ¡Algún día! – se decía. ¡Algún día!


Laura creía de veras que sería una gran artista de coplas. Canturreaba continuamente mientras recogía vueltos o ajustaba faldas. Coplas de Dolores Abril, Imperio Argentina, Estrellita Castro, Juanita Reina, Paquita Rico y tantas y tantas otras grandes del folclore que el repertorio de Laura era inagotable. Cosía mañana y tarde, donde su tía Julita, pero ella quería cantar. Entonar todos aquellos argumentos llenos de poesía, pasión y lágrimas que la extasiaban hasta llevarla al súmmum del placer. Entre ojales y cremalleras se podía ver vestida de tonadillera, moviendo airosa sus manos con castañuelas. Telas, dedales, botones, corchetes, hilos, agujas, tijeras, metros, más hilos, más botones, más….. ¡Algún día! – se decía. ¡Algún día!

Algún día.

Miles de intenciones con un único “pero”… algún día.

Deseos esperando ser transformados en verdad con un único “obstáculo”… algún día.

Sueños por cumplir enterrados entre cuatro paredes, evitando que les toque la luz del sol con un único “impedimento”… algún día.

La Vida volatilizándose entre horas de desidia con un único “freno”…algún día.

La Vida. Sólo una vez la Vida. Este paso, para bien o para mal, este caminar entre piedra y sobre césped es y será sólo una vez…en la Vida. Cada aire que se inhala, cada lágrima que se derrama, cada sonrisa esbozada, cada furia desatada, cada decisión tomada. Eso es la Vida. Sin imitaciones. Sin reflejos engañosos. Sin duplicidades paralelas. La verdadera, la original, la de uno.

No “ALGÚN DÍA”. Nunca “MAÑANA”. Jamás “MÁS TARDE”.

La Vida es una incesante cuenta atrás y cada segundo, cada instante, cada jornada perdida NO HACIENDO lo que uno realmente desea en su Vida es imperdonable. DESPERTAR. REVIVIR. ACTUAR. VIVIR.

Pepa González

Foto post: Germán.

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