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domingo, septiembre 4

Leer y escribir, una inversión en inteligencia

Matt Haig en su libro "Razones para seguir viviendo" escribe:

- Las palabras a veces realmente pueden liberarte. Cuando leo o escribo no pienso en otra cosa. Los límites del mundo, de mi mundo, van mucho más allá de aquellos que mi mente ha levantado. Leer me distrae, me calma y, escribir, hace que los pensamientos sean más lentos de lo normal.


Efectivamente, leer y escribir devuelve las ganas de vivir. La cuestión reside en cómo y dónde ponemos el foco de atención. La escritura consigue ralentizar el pensamiento ya que el movimiento de la mano al escribir tiene una velocidad menor que nuestros pensamientos y esto favorece el desarrollo de ideas más meditadas.

Según las últimas investigaciones del científico en neurología Facundo Manes, la escritura manual 
- más lenta que la del teclado - nos obliga a ser más concretos y a reorganizar la información. 
La escritura manual muestra mejor comprensión y más profunda de lo escrito. La escritura al ordenador muestra menor comprensión conceptual de la información. 

Respecto al acto de leer, cuando leemos acerca de una experiencia se activan áreas cerebrales como si realmente lo estuviésemos viviendo. Al leer correr se activa el área cerebral que permite mover los pies. Cuando leemos palabras como rosas se activan las áreas especializadas en la percepción olfativa. 

La psicóloga R. Otero habla en sus estudios, sobre la terapia narrativa, de las distintas corrientes que tratan el tema. Existe una corriente que ve en la escritura manual un acto terapéutico en sí mismo, tal y como se ha mencionado anteriormente. Por otro lado, hay una nueva corriente que cree que para un resultado óptimo y real desde el punto de vista curativo, la escritura debe ir acompañada de lectura a viva voz a personas ajenas al texto. La lectura genera efecto positivo en aspectos como apoyo mutuo, comprensión, relaciones interpersonales, aumento de empatía...

En los talleres de escritura emocional expresiva que llevo a cabo desde hace unos años,  la realización de ejercicios de escritura de forma manual y su posterior lectura, de forma voluntaria y opcional de aquello que se ha escrito respondiendo a los ejercicios,  es dinámica habitual dando muestra evidente de todo lo bueno que aporta a los participantes.

  • Comprensión de las propias emociones mediante la escritura. 
  • Capacidad de ponerse en la piel de otros al escuchar los textos de terceros, sintiendo lo que ellos sienten, viviendo como los otros viven. 
  • Conducción de emociones mejorando la calidad de vida. 
La solidaridad y la complicidad, amén del apoyo global entre los participantes que nace de cada encuentro de sábado, ha aportado mucho de bueno a quienes asisten a este taller para y por la escritura. 










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