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viernes, junio 29

Los pelos como escarpias





Una pareja.

Él, cargando en su espalda 22 abriles.
Ella solamente 21.

Él viene de algún rincón de Colombia.
Ella desde Uruguay.


Él trabaja por horas en donde le sale, principalmente en Costa Teguise, sin contrato, sin amparo, sin seguridad social, sin jefes concretos ni compañeros de a diario, sin recompensas, sin metas a conseguir, sin sueños que perseguir, ganando lo mínimo para subsistir, para llevarse y llevarle algo a su boca,
a las de ambos.
Trabajando.

Ella llegó desde Galicia porque allí no hallaba trabajo para aportar dineros en la casa de sus padres. El progenitor, en la actualidad, con baja por alguna minusvalía. La progenitora, sacando de aquí y de allá gracias a los escalones de los portales gallegos.

Aunque sólo cuenta con 21 años ya tiene la titulación de auxiliar de enfermería, técnico de ambulancia, curso de cuidados paliativos, de atención a enfermos de Alzheimer…y es que le gusta ayudar a la gente.

No encuentra nada, nadie le abre las puertas, más de cincuenta C.V. entregados,
ninguna clínica privada la requiere, menos aún las públicas y
tan sólo quiere laborar para poder tener un lugar al que regresar cada tarde.
Y es que hace ya unas noches los echaron de un apartamento minúsculo donde habían encontrado amparo. Son tres noches durmiendo en la calle.
Dos en la playa.

Ayer en una estructura mugrienta y deteriorada que no conoce inquilinos, bueno sí, algún yonki en busca de la intimidad donde meterse un pico que lo transporte al más allá durante un rato. Un edificio que debería ser escombros y tierra fértil pero que aún, por desidia de sus propietarios, se mantiene erguido y podrido.
Desde ayer, su hogar.
Un techo donde resguardarse y un sitio en donde esconder las dos maletas que llevan a todos lados con sus cuatro trapos, algunas fotos de la familia y de otros momentos menos funestos.

Y vienen a mi oficina, me lo cuentan, me miran.
Ella es linda, suave, delicada, con formas elegantes, con trato exquisito, como salida de un cuento infantil, de semblante blanquecino pintado en pecas, como descendiente de alta cuna y de reino lejano.

Él es moreno, un mulato guapo, con ojos de buena gente, sonrisa espléndida, palabras concisas, directas, sin medias tintas, sin miedos ni vergüenzas. A esa damisela, la del bochorno, la perdió la última vez que le dolió el estómago por ausencia de viandas.
Y sufre por ella, por su bella enamorada, porque teme que le puedan hacer algo de noche y en la calle, porque quiere cuidarla y darle todo lo que su princesa debería tener, porque tuvo la osadía de ser un día ingenuo y soñó con una vida en común feliz, con hijos, con casa pequeña pero caliente, con vejez agarrándole fuerte la mano y porque aún tiene esos sueños cuando duerme unas horas. Y es que pasa muchas despierto, mirándola, protegiéndola, a ella y a sus dos maletas, las de las mudas y los retratos,
sus maletas traslada vidas.

Hoy me vino a la memoria que los canarios fuimos emigrantes, sufrimos hambrunas, nos desplazamos en busca de algo que llevarnos al estómago, algo con lo que alimentar a nuestros hijos, luchamos por tener derechos fundamentales, nos dejamos la piel en cualquier lugar en donde nos permitieran ser personas. Generaciones enteras de desterrados forzosos.

Era una realidad que me contaban, que me narraban y yo sufría aún sin vivirla porque podía imaginarlo, podía escuchar lamentos en sus rostros de fotografías en sepias y, oler sus miedos.
Hoy lo he padecido en persona: el hambre, la indigencia, el desamparo, el temor, el dolor, la pena,
el olor a miseria.

Y me digo a mí misma:
La vida sigue, pepagonzález.
La vida es cruel, pepagonzález.
Debes estar dichosa y agradecida por lo que tienes, pepagonzález.
Sonríe, pepagonzález.
Que las vivencias y las circunstancias ajenas no te atropellen, pepagonzález.
Si hace falta colócate un lápiz entre los dientes y oblígate a sonreír, pepagonzález.
No sufras, no padezcas, no te hundas, no te estreses y no te deprimas, pepagonzález,
porque así es la vida……

Pero no puedo evitarlo y le contesto, llena de sinceridad y de desolación, a esa otra que se empeña en poner rayitos de sol donde sólo se me plantaron oscuridades:

En el día de hoy, sin previo aviso, sin anestesias y sin poder esquivarlo, he muerto un poco.

Solamente una pareja, él carga 22 abriles, ella tan sólo 21.


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